Ayuda psicológica para adolescentes orientada a comprender el uso del móvil, las pantallas y los videojuegos, recuperar el control y desarrollar una relación más equilibrada con la tecnología.
La adicción al móvil en adolescentes es una preocupación cada vez más frecuente entre las familias, especialmente cuando resulta difícil establecer límites y el teléfono empieza a ocupar gran parte del tiempo del joven.
Para entender qué está ocurriendo, es importante observar cómo utiliza el adolescente el móvil y qué impacto tiene en su vida cotidiana. Más allá del número de horas, una señal relevante aparece cuando pierde progresivamente el control sobre su uso y este empieza a interferir en el sueño, los estudios, las relaciones, otras actividades o la convivencia familiar.
Soy David Galarza Durán, Psicólogo General Sanitario, y ayudo a adolescentes y familias cuando el uso del móvil, los videojuegos, las redes sociales u otras pantallas empieza a afectar a su bienestar y su vida cotidiana.
Mi objetivo no es demonizar la tecnología ni conseguir simplemente que un adolescente deje de utilizarla. Mi objetivo es conseguir que el adolescente haga un uso adecuado y equilibrado de la tecnología. Primero necesitamos comprender qué función está teniendo en su vida y qué puede haber detrás de ese uso, para así recuperar una relación más equilibrada con la tecnología.
Trabajo presencialmente en Madrid y también online.
ENTENDIENDO LA SITUACIÓN ACTUAL
La adicción al móvil en adolescentes puede empezar a preocupar a las familias cuando el uso del teléfono afecta cada vez más a diferentes momentos de su vida cotidiana. Algunas situaciones que suelen llamar la atención son
Son situaciones que escucho en familias preocupadas porque sienten que su hijo no puede separarse del teléfono.
Sin embargo, el número de horas no es el único aspecto que debemos observar.
Cuando hablamos de adicción al móvil en adolescentes o, de forma más amplia, de uso problemático de pantallas en adolescentes, es importante valorar qué ocurre cuando no pueden utilizarlas, si existe pérdida de control, qué actividades están desplazando y cómo está afectando este comportamiento a su vida cotidiana.
Algunas señales que pueden indicar que conviene prestar atención son:
No es lo mismo utilizar mucho el móvil para relacionarse con amigos que necesitar comprobarlo constantemente para aliviar el malestar. Tampoco es lo mismo disfrutar de los videojuegos que abandonar progresivamente otras actividades porque jugar se ha convertido prácticamente en la única fuente de satisfacción.
Antes de intentar reducir el tiempo de pantalla, necesitamos comprender qué está ocurriendo.
ENTENDIENDO LA diferencia y el problema
La adicción al móvil en adolescentes no se determina únicamente por la frecuencia con la que utilizan la tecnología. Para valorar el problema necesitamos observar también su capacidad de control y las consecuencias que ese comportamiento está teniendo en su vida.
Muchas familias llegan a consulta hablando de adicción al móvil, adicción a las pantallas, adicción a los videojuegos o adicción a las nuevas tecnologías porque sienten que su hijo no puede desconectar.
Es comprensible.
Sin embargo, prefiero no partir de una etiqueta antes de conocer la situación.
La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, reconoce el trastorno por uso de videojuegos (gaming disorder) dentro de la ICD-11 y lo relaciona con un patrón caracterizado, entre otros elementos, por la pérdida de control y por la prioridad creciente del juego frente a otras actividades. Por tanto, jugar muchas horas no permite por sí solo establecer que exista un trastorno.
En consulta me interesa especialmente comprender si el adolescente mantiene capacidad de control y hasta qué punto la tecnología está interfiriendo en su bienestar, sus relaciones, sus responsabilidades y su vida cotidiana.
IDENTIFICANDO EL PROBLEMA
El uso problemático de pantallas en adolescentes puede manifestarse de maneras muy distintas. Por eso necesito comprender qué tecnología utiliza el joven, cómo la utiliza y qué encuentra en ella.
El móvil concentra conversaciones, redes sociales, entretenimiento, vídeos, juegos y contacto permanente con otras personas.
En algunos adolescentes aparece una dificultad creciente para controlar su utilización, una necesidad constante de comprobarlo o un malestar importante cuando no pueden acceder a él.
Por eso, cuando una familia consulta por una posible adicción al móvil en un adolescente, necesito comprender no solo cuánto utiliza el teléfono, sino para qué lo utiliza, qué ocurre cuando intenta dejarlo y qué consecuencias está teniendo en su vida.
Cuando existe miedo o ansiedad intensa específicamente ante la posibilidad de quedarse sin teléfono o no poder utilizarlo, podemos encontrarnos ante un problema relacionado con la nomofobia en adolescentes.
Jugar frecuentemente no significa necesariamente que exista una adicción a los videojuegos. El problema puede aparecer cuando existe pérdida de control y el juego comienza a desplazar de forma persistente otras áreas importantes de la vida.
Los videojuegos pueden ser una forma de ocio, diversión y relación con otras personas.
El problema puede aparecer cuando existe una pérdida de control o jugar comienza a desplazar sistemáticamente otras áreas importantes.
En estos casos me interesa especialmente comprender qué proporciona el videojuego al adolescente.
Puede encontrar diversión, sensación de competencia, reconocimiento, relaciones sociales, objetivos claros o incluso un espacio en el que se siente más seguro que fuera de la pantalla.
Comprenderlo es importante para intervenir y eso se consigue con sesiones individuales de terapia para adolescentes.
Las redes sociales forman parte de la manera en la que muchos adolescentes se relacionan, se comunican y construyen parte de su identidad.
En algunos casos pueden aparecer dificultades relacionadas con la comparación con los demás, la necesidad de aprobación, la imagen personal, el miedo a quedarse fuera o la necesidad constante de comprobar qué está ocurriendo.
También me interesa comprender qué encuentra el adolescente en las redes sociales. Pueden proporcionarle contacto con sus amigos, entretenimiento, reconocimiento, sensación de pertenencia o un espacio en el que se siente más cómodo relacionándose.
Por eso, cuando las redes sociales empiezan a afectar a su bienestar, trabajo no solo el tiempo que pasa conectado, sino cómo las utiliza, qué necesidades está cubriendo a través de ellas y qué consecuencias están teniendo en su vida cotidiana.
Mirando más allá de las pantallas
Cuando existe una adicción al móvil en adolescentes o un uso problemático de las pantallas, no siempre estamos ante un problema relacionado exclusivamente con la tecnología. En algunos adolescentes pueden existir dificultades de regulación emocional, autoestima, relaciones sociales, tolerancia a la frustración o falta de otras actividades satisfactorias.
Una pregunta que considero especialmente importante es: ¿Qué encuentra el adolescente en la pantalla que le está costando encontrar fuera de ella? No existe una única respuesta.
En algunos casos encontramos principalmente hábitos que se han vuelto difíciles de regular. En otros, la tecnología puede estar funcionando como una forma de evitar o aliviar situaciones que generan malestar.
Podemos encontrar dificultades relacionadas con la gestión emocional, la autoestima, la tolerancia a la frustración, las relaciones sociales o la falta de otras actividades satisfactorias.
Por ejemplo, para un adolescente que se siente inseguro relacionándose presencialmente, el entorno digital puede resultar mucho más sencillo y controlable.
En ese caso, limitar el acceso a la tecnología sin trabajar las dificultades que existen fuera de ella probablemente no será suficiente.
Cuando aparecen dificultades de este tipo, el proceso puede incluir también el desarrollo de habilidades sociales en adolescentes.
Por eso no intento intervenir únicamente sobre la conducta visible. Necesito comprender qué está manteniendo ese comportamiento.
HERRAMIENTAS DE LA PSICOLOGÍA
Mi intervención ante una posible adicción al móvil en adolescentes comienza intentando comprender qué papel ocupa el teléfono y, de forma más amplia, las pantallas en la vida del joven. El móvil, los videojuegos o las redes sociales forman parte de su realidad, por lo que el objetivo es entender qué factores están manteniendo el problema y qué consecuencias está teniendo en su vida cotidiana.
Al inicio podemos explorar qué tecnologías utiliza, cuándo y durante cuánto tiempo, qué ocurre cuando tiene que dejarlas, qué actividades ha ido abandonando y en qué momentos recurre con mayor frecuencia a las pantallas. También observamos cómo está durmiendo, cómo van los estudios, cómo son actualmente sus relaciones y qué ocurre en casa cuando aparecen límites y cómo reacciona ante ellos.
A partir de esta valoración, la intervención se adapta a las causas, las consecuencias y las dificultades que encontramos en cada caso. Entre otras áreas, podemos trabajar:
Observar cuándo aparece la necesidad de conectarse, cuánto dura y qué situaciones la desencadenan permite identificar patrones y desarrollar estrategias para decidir cuándo utilizar una pantalla y cuándo dejarla.
Cuando el móvil o los videojuegos se utilizan para afrontar el aburrimiento, la ansiedad, la tristeza, el enfado o la frustración, trabajamos otras formas de reconocer y gestionar esas emociones.
Detener una actividad agradable, aceptar un límite o esperar antes de obtener algo puede generar respuestas intensas, por lo que trabajamos la tolerancia a la frustración y la capacidad de posponer gratificaciones.
Revisamos rutinas relacionadas con el sueño, el estudio, la actividad física, el ocio y el uso de dispositivos para recuperar un mayor equilibrio entre las pantallas y otras áreas de su vida.
Cuando aparecen aislamiento o inseguridad en las relaciones presenciales, podemos trabajar la comunicación, la autoestima, la seguridad personal y las habilidades sociales para mejorar sus relaciones fuera de las pantallas.
Cuando la tecnología ocupa gran parte del ocio, trabajamos para recuperar actividades que resultaban satisfactorias o descubrir nuevos intereses que permitan ampliar sus fuentes de motivación fuera de las pantallas.
Durante estos procesos, va a ser siempre crucial la participación de las familias, ya que en muchos casos, el adolescente necesita la ayuda de sus progenitores para aprender a autorregularse.
Cuando existe un uso problemático del móvil o una adicción al móvil en adolescentes, trabajar únicamente con él puede ser insuficiente.
Las pantallas forman parte también de la dinámica familiar y pueden generarse ciclos que se repiten:
uso excesivo → límite → discusión → castigo → negociación → nuevo conflicto.
Los padres terminan agotados y el adolescente siente que prácticamente todas las conversaciones giran alrededor del teléfono.
Cuando resulta necesario, trabajo también con la familia aspectos como los límites, los horarios, las consecuencias, la negociación, la comunicación y la coherencia entre los adultos.
Busco salir de esas batallas constantes que hacen sentir que no se avanza. Desatascar la situación relativa al móvil y construir un nuevo escenario.
El objetivo es establecer límites comprensibles y consistentes, adaptados a la edad y situación del adolescente, mientras él desarrolla progresivamente mayor capacidad de autorregulación.
Si un adolescente siente que el psicólogo es simplemente otro adulto que pretende quitarle el móvil, probablemente tendremos poco espacio para trabajar.
Por eso, para mí es prioritario construir primero una relación de confianza y escuchar también su perspectiva.
Puede que los padres estén preocupados porque pasa seis horas jugando mientras él siente que allí están sus amigos. Puede que la familia vea aislamiento mientras el adolescente percibe ese entorno como el lugar donde se siente más cómodo.
Comprender su punto de vista no significa aceptar cualquier comportamiento.
Significa disponer de la información necesaria para trabajar juntos y conseguir que el propio adolescente pueda entender qué consecuencias está teniendo su comportamiento y por qué merece la pena introducir determinados cambios.
ATACANDO LA PROBLEMATICA
No utilizo exactamente las mismas herramientas con todos los adolescentes. El objetivo es que el adolescente participe activamente en las decisiones y desarrolle progresivamente mayor autonomía para gestionar su relación con la tecnología. Dependen de qué esté manteniendo el problema y de los objetivos que hayamos establecido.
Observar cuándo aparece el comportamiento, cuánto dura, qué estaba ocurriendo antes y cómo se siente el adolescente permite identificar patrones relacionados con la adicción al móvil en adolescentes que pueden pasar inadvertidos.
Comprender qué ocurre antes, qué obtiene el adolescente con ese comportamiento y qué consecuencias aparecen después permite identificar los factores que pueden estar manteniendo el problema.
Trabajar pensamientos relacionados con la necesidad de estar conectado, el miedo a perderse algo, las relaciones sociales o el propio control permite desarrollar formas diferentes de interpretar estas situaciones.
Introducir herramientas concretas para gestionar cuándo, cómo y durante cuánto tiempo utiliza una tecnología permite desarrollar progresivamente mayor control y autonomía sobre su uso.
Establecer cambios progresivos en rutinas y actividades y analizar las dificultades que aparecen permite que el adolescente participe en las decisiones y desarrolle mayor autonomía en su relación con la tecnología.
Trabajar la capacidad para afrontar el aburrimiento, la frustración o el impulso de conectarse puede ser clave ante la adicción al móvil en adolescentes, ayudando al joven a gestionar el malestar sin recurrir automáticamente a las pantallas.
MI FINALIDAD COMO PSÍCOLOGO DE ADOLESCENTES
El objetivo de la terapia contra la adicción al móvil en adolescentes no es necesariamente que el jóven deje de utilizar el móvil, los videojuegos o las redes sociales.
La tecnología seguirá formando parte de su vida. Buscamos que pueda utilizarla sin que controle el resto de su vida. Dependiendo del caso, podemos buscar:
No se trata simplemente de reducir horas.
Se trata de que las pantallas vuelvan a ocupar un lugar proporcionado dentro de una vida en la que también existen relaciones, responsabilidades, descanso, intereses y experiencias fuera de ellas.
Mucho más que adicción al móvil
Soy David Galarza Durán, Psicólogo General Sanitario, y llevo más de 15 años trabajando con adolescentes y jóvenes en contextos educativos, sociales y psicológicos.
Esta experiencia me ha permitido comprender diferentes formas de vivir la adolescencia y cómo la tecnología influye en la manera de relacionarse, comunicarse y ocupar el tiempo.
Como psicólogo especializado en adolescentes, trabajo con jóvenes y familias ante situaciones de adicción al móvil, adicción a las pantallas y otros usos problemáticos de la tecnología. Mi enfoque parte de conocer al adolescente, comprender qué papel desempeña la tecnología en su vida y establecer objetivos realistas desde una relación de confianza.
Realizo sesiones presenciales en Madrid y online. En la primera consulta valoramos la situación y qué tipo de intervención puede resultar más adecuada.
Estas son algunas de las experiencias de adolescentes, jóvenes y familias que han confiado en mí como psicólogo para adolescentes y en mi servicio gestión de conflictos de pantallas y adicción al móvil en adolescentes.
EXCELENTE
A base de 25 reseñas
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Esperanza Gilarranz Jamolangue17/06/2026Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
Cuando decidimos buscar ayuda para nuestra hija, no fue una decisión fácil. No estaba al borde del precipicio ni en una situación desesperada. De hecho, cuando lo comentábamos en nuestro entorno, todo el mundo repetía lo mismo: que la adolescencia es una etapa complicada por definición, llena de inseguridades, frustraciones, nervios, ansiedad… Hasta el punto de hacerte dudar si lo que estábamos viviendo era simplemente “lo normal” o si estábamos sobredimensionando la situación. Sin embargo, el tiempo pasaba y sentíamos que, como padres, no estábamos consiguiendo ayudarla como realmente necesitaba. Nuestra hija tenía dificultades en la socialización, lo que afectaba directamente a su autoestima y generaba un círculo vicioso: autoexigencia, frustración y ansiedad en determinadas situaciones. Todo ello se traducía en una tristeza bastante constante, apatía y desmotivación. Después de cerrar esta etapa, nuestra conclusión es clara: la terapia con David quizás no era imprescindible, pero sí profundamente necesaria. Ha sido, sin duda, un regalo para ella. Probablemente habría salido adelante igualmente, pero ¿por qué asumir ese sufrimiento en una etapa tan importante? Estoy convencida de que muchos adultos arrastramos la mitad de nuestros problemas emocionales, sociales o incluso laborales porque no tuvimos a tiempo las herramientas adecuadas. Herramientas para conocernos mejor, gestionar lo que sentimos y aprender a levantarnos cuando toca. ¿Por qué esperar a los 40 para empezar una terapia cuando esas habilidades se pueden desarrollar a los 15? Cuánto tiempo, y cuánto sufrimiento, nos habríamos ahorrado. Hoy nuestra hija tiene herramientas. Le quedan miles de situaciones por afrontar, momentos que superar, caídas en las que le costará levantarse… pero eso ya es la vida 🙂Publicado en Google![]()
Felimar 18016/06/2026Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
Llevo bastante tiempo con David en terapia y desde el primer momento me transmitió profesionalidad,cercanía y confianza recomiendo totalmente ponerte en sus manos si estás buscando terapeutaPublicado en Google![]()
Hugo Begonte Carrero16/06/2026Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
Perfecta atención y trato, gran psicólogoPublicado en Google![]()
Rodrigo Royo05/02/2026Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
Después de casi un año de sesiones, puedo decir que David ha sido un pilar en mi proceso de crecimiento. Su empatía, profesionalidad y capacidad de escuchar sin juzgar, me han ayudado a comprenderme mejor, y a superar retos que antes me parecían insalvables. Siempre me sentí en un espacio seguro, y valoro enormemente su guía. Lo recomiendo 100%.Publicado en Google![]()
Dayana Av29/01/2026Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
Daría más de 5 estrellas pero no se puede! David, el mejor profesional y persona que he conocido de verdad que quedé contentísima con su forma de transmitir y hacerme entender tantas cosas de la manera más agradable para implementar en mi vida. Y de verdad que lo recomiendo a todo el mundo porque le va a cambiar a mejor cualquier ámbito de su vida ✨ le deseo lo mejor porque él lo es.Publicado en Google![]()
Teresa Planellas05/06/2025Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
David ha sabido acercarse a mi hijo adolescente y ayudarle. La experiencia ha sido muy buenaPublicado en Google![]()
genesis09/10/2024Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
David, un gran psicólogo, siempre me hizo sentir muy comoda en sus sesiones. Me ayudó mucho en encontrar soluciones a los problemas y actuar frente a ellos. He aprendido muchísimo gracias a él y he crecido bastante como persona en el tiempo que estuve yendo a las sesiones. Sin duda, super recomendado.Publicado en Google![]()
MIGUEL ANGEL RAMOS PALOMO17/09/2024Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
Cercano y gran profesional. Totalmente recomendable.Publicado en Google![]()
pepa gonzalez vega25/05/2024Trustindex verifica que la fuente original de la reseña sea Google.
David Galarza es un gran profesional, que ha ayudado muchísimo a mi hijo y, consecuentemente, a la familia. Gestiona muy bien los problemas y las incertidumbres de los adolescentes y le ha proporcionado una gran ayuda para enfocar y encauzar los cambios y problemas que generan hacerse mayor. El método de las sesiones on line ha sido un gran acierto. Muchísimas gracias David.
Si te preocupa una posible adicción al móvil en adolescentes, aquí encontrarás respuesta a algunas de las preguntas más frecuentes sobre las señales de alerta, el uso problemático de las pantallas y cómo puede ayudar la intervención psicológica.
La dificultad para dejar el teléfono, comprobarlo constantemente o enfadarse cuando se limita su uso pueden ser señales de alerta, pero no permiten por sí solas determinar que exista una adicción.
Es importante valorar también si existe pérdida de control y si el uso del móvil está afectando al sueño, los estudios, las relaciones, otras actividades o la convivencia familiar.
El tiempo es un dato importante, pero no permite valorar por sí solo si existe un problema.
También debemos considerar la edad, el tipo de utilización y, especialmente, si las pantallas están desplazando el descanso, las responsabilidades, las relaciones u otras actividades importantes.
Ante una adicción al móvil en adolescentes, establecer límites puede ser necesario, pero retirar el teléfono sin comprender qué está manteniendo el problema puede dificultar que los cambios se mantengan a largo plazo.
El objetivo es que el adolescente desarrolle progresivamente capacidad de autorregulación y autonomía en el uso del móvil, reduciendo su dependencia del control externo.
En algunos casos puede desarrollarse un patrón problemático relacionado con los videojuegos, al igual que ocurre con la adicción al móvil en adolescentes, aunque jugar con frecuencia no significa automáticamente que exista una adicción.
Para valorarlo es necesario observar aspectos como la pérdida de control, la prioridad que adquiere el juego y las consecuencias sobre otras áreas de su vida.
En algunos adolescentes, la comparación, la búsqueda de aprobación o la preocupación por la imagen pueden influir en su autoestima y bienestar emocional.
No afecta de la misma manera a todos los jóvenes, por lo que es importante conocer cómo utiliza las redes cada adolescente.
Cuando resulta necesario, sí. En casos de adicción al móvil en adolescentes, especialmente cuando existen conflictos frecuentes relacionados con normas, horarios o límites, trabajar también con los padres puede favorecer cambios en la dinámica familiar y ayudar a establecer pautas más adecuadas en cas
El uso problemático del móvil es un concepto amplio relacionado con dificultades para controlar su utilización y las consecuencias que puede producir.
La nomofobia se refiere específicamente al miedo o malestar intenso relacionado con no disponer del teléfono móvil o no poder utilizarlo.
Ante una posible adicción al móvil en adolescentes, puede ser conveniente consultar a un psicólogo cuando existe una dificultad persistente para controlar el uso de las pantallas o este empieza a afectar significativamente al bienestar, las relaciones, los estudios, el sueño u otras áreas de su vida.